Breve radiografía de la situación del periodismo en Venezuela

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Recientemente, un colega me preguntó que por qué los venezolanos decíamos que en nuestro país la libertad de expresión se encontraba en una situación crítica si aún había medios de comunicación que hablaban mal del gobierno. Me pareció una visión bastante miope de lo que es el derecho a expresarse con libertad y a buscar y recibir información completa y oportuna, pero igual respondí lo que detallo a continuación.

Desde hace más de 15 años, los medios de comunicación y los periodistas venezolanos han sido objeto de una política continua y sistemática de socavamiento de su funcionamiento y credibilidad. Estamos claros de que a principios del siglo XXI nuestros medios no eran un dechado de virtudes, pero las medidas que les fueron aplicadas no tenían la intención de mejorarlos, sino de neutralizarlos. A fin de cuentas, la existencia de medios los beneficia, pues les permite sostener su maltrecha fachada de democracia.

En una primera etapa –de mayor polarización política- se registraron muchísimas agresiones físicas y amenazas a trabajadores de la prensa, así como ataques a medios de comunicación. Posteriormente, las violaciones se tornaron más institucionales y comenzaron las acciones administrativas y judiciales, así como la aprobación y reforma de leyes mordaza.

Recientemente, se han empleado mecanismos de control más sofisticados: empresarios amigos del régimen compran medios críticos; la venta de papel periódico y otros insumos está en manos del Estado; se utiliza la publicidad oficial  y la entrega y renovación de frecuencias radioeléctricas para premiar y castigar a los medios y periodistas; se consolida el Sistema Nacional de Medios Públicos, con 7 televisoras, decenas de emisoras de radio en todo el país, dos periódicos y una agencia de noticias, y el gobierno se encadena al menos una hora al día. Paralelo a esto, Venezuela tiene el ancho de banda más pequeño del continente y el control del internet está en manos de la empresa estatal Cantv.

En los últimos meses, hubo una escalada de violencia contra los periodistas, siendo los cuerpos de seguridad los responsables de la mayoría de las agresiones. Maltrato físico y verbal, detenciones arbitrarias y destrucción y robo de equipos fueron algunas de las violaciones más frecuentes entre abril y julio de 2017, en medio de fuertes protestas de calle (Balance Espacio Público en www.espaciopublico.org).

A pesar de toda esta situación, el periodismo venezolano se niega a morir. Medios de comunicación, especialmente digitales, se atreven a mostrar lo que el poder quiere esconder, aunque –cada vez con más frecuencia- hacerlo puede traerles consecuencias. Tal es el caso de los periodistas del portal Armando.Info, quienes –hace dos semanas- recibieron amenazas por difundir información incómoda para el gobierno actual (https://www.armando.info/historias/7559=de-veracruz-a-la-guaira,-un-viaje-que-une-a-piedad-cordoba-con-nicolas-maduro).

Ahora, el reto que le espera a los medios, periodistas y ciudadanos en general es resistir a las pretensiones de censura de la recién instalada Asamblea Nacional Constituyente, la cual se ha propuesto para el corto plazo aprobar la Ley Constitucional Contra el Odio, la Intolerancia y por la Convivencia Pacífica, la cual permitiría al Estado bloquear páginas web y regular las redes sociales. Veremos cuánto más podrá resistir el periodismo crítico.