¡No tildemos a nuestros campesinos de narcotraficantes!

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En las últimas semanas la discusión sobre los cultivos de coca ha marcado la hoja de ruta de la opinión pública en el país. Los recientes y lamentables hechos ocurridos en el puerto de Tumaco y en la zona del Catatumbo, además de la constante presión del Gobierno Americano frente a las hectáreas de coca cultivadas han puesto hablar al país y a los países de la región sobre el tema.

La anterior semana el Gobierno Nacional dio a conocer su iniciativa de ser flexibles en términos legales y jurídicos con aquellos campesinos cuyos cultivos de coca no sean de grandes magnitudes. En términos prácticos, el Gobierno propone volver excarcelable los cultivos de coca que  oscilen entre los 18 metros y las 3,8 Hectáreas cultivadas.

Esta propuesta, como era de esperarse, y más teniendo en cuenta el panorama pre electoral, generó gran revuelo en el país, fueron muchas las posiciones a favor y en contra de la iniciativa generando un nuevo ambiente de debate entre los actores políticos, sociales y civiles del país, de hecho, uno de los espacios en donde se  generó mayor cantidad de opiniones frente al tema fue la red social Twitter, donde sus usuarios expresaron su postura de respaldar o no la propuesta del Gobierno.

Revisando las diferentes opiniones generadas llamó mucho la atención la postura de un joven militante del Partido Centro Democrático quien se atrevió a afirmar que “Cuando un “campesino” se opone a la erradicación de cultivos ilícitos, no estamos ante un campesino, estamos ante un narcotraficante”, pues da a conocer en sí, nuevamente,  ese distanciamiento que existe entre lo que se puede llegar a pensar frente al tema  en las grandes ciudades y lo que ocurre en las regiones en realidad.

Es claro, y para nadie es un secreto, que cultivar hoja de coca está mal, pues es una actividad ilícita, y que ademas este cultivo es la materia prima para el procesamiento de la Cocaína, una droga que ha generado una cantidad enorme de males a nuestra sociedad, entrando también a jugar en cierta medida un aspecto moral. Pero también debe ser claro y entender la realidad de nuestro país, una cosa es sembrar coca por negocio y otra muy diferente es sembrarla por necesidad.

En algunos municipios del país la difícil situación de los cultivos tradicionales ha generado que muchas familias se vean en la necesidad de recurrir al cultivo de coca como medio de sustento para satisfacer sus necesidades frente al panorama poco alentador de un país con atrasos enormes en su sistema de vías terciarias, difícil acceso a créditos y la carencia de mercados estables, sumado a las difíciles condiciones climáticas que varían desde las más fuertes sequias a constantes periodos de lluvias y posibles inundaciones.

Por ejemplo, según el ICA, el verano y las fuertes heladas que afectaron diferentes regiones del país en el 2016, generaron que más del 60% de los cultivos de Departamentos como Boyacá, Nariño y la Costa Atlántica se vieran afectados, poniendo en jaque a los cultivadores y generando un incremento de su deuda frente a entidades bancarias en sus esfuerzos de intentar salvar sus cultivos.

Por otro lado, se tiene registro de planes pilotos de sustitución de cultivos, como ocurrió en Nariño con los cultivos de Maracuya, que terminaron siendo poco exitosos, pues ante la carencia de un mercado objetivo que fuese estable, estos productos terminaron literalmente descomponiéndose por bultos en las orillas de las carreteras de dichos municipios, demostrando que para dar una alternativa real se requiere un trabajo mancomunado e integral de todos los sectores, tanto privados, como públicos del país.

Es por ello que este tipo de afirmaciones generalizadas resultan irresponsables, pues no todo aquel campesino que cultiva coca está relacionado o trabaja de forma directa para un cartel y son narcotraficantes. De ahí a que este tipo de iniciativas resultan alentadoras y esperanzadoras para estas familias, siempre y cuando, eso sí, estas mismas se comprometan a sustituir su cultivo por un tradicional, pues se debe hacer hincapié en que lo ilícito NO está bien,  pero para ello el compromiso no solo es de la familia y del Gobierno Nacional, sino también de nosotros como sociedad, pues debemos entender que estamos en un proceso de transición donde todo puede ayudar, menos el hecho facilista de caer en el error  de tildar y estigmatizar sin conocer de lleno la difícil y compleja que es esa otra realidad.