Preocupaciones e inconformismos frente al proceso de implementación de los acuerdos de paz

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El 24 de noviembre de 2016, en el Teatro Colón de la ciudad de Bogotá, a pocas cuadras del Palacio Presidencial,  se llevó a cabo la firma de los acuerdos de Paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC. Una fecha para no olvidar, pues después de más de 4 años de negociaciones y de innumerables esfuerzos de toda la sociedad civil, se había logrado establecer un cronograma, una serie de compromisos por cumplir y una ruta a seguir para ponerle fin a una guerra absurda que cobró la vida de miles de colombianos a lo largo de más de 50 años.

No obstante, y a pesar de la gran ilusión que generó, sobre todo en las nuevas generaciones, el hecho de presenciar el fin del conflicto armado, en el presente, y después de seis meses de haberse dado inicio a esta nueva etapa, existen una serie de inconformismos y preocupaciones frente al proceso de implementación de los acuerdos que emanan de una serie de incumplimiento de las partes.

Es claro que poner fin a un conflicto armado que duró más de 50 años no es fácil, y que en el proceso de implementación iban a surgir un serie de ires y venires de dificultades, las cuales tendrían que ser resueltas con la sumatoria de esfuerzos de los diferentes sectores de la sociedad. De ahí la importancia de este tipo de artículos que tienen como único fin seguir ayudando a construir esa tan anhelada paz.

El primer inconformismo que se dio en la opinión publica tuvo que ver con la falta de preparación del Gobierno Nacional frente al proceso de concentración de los guerrilleros en las Zonas Veredales de Transición y Normalización, pues al momento en que los guerrilleros empezaron sus desplazamientos hacia los puntos concertados, estos no se encontraban en sus óptimas condiciones, inclusive algunas aun no estaban ni en construcción, generando un retraso dentro del cronograma de actividades.

El segundo inconformismo ha tenido que ver con el lento proceso de entrega de los menores de edad que se encuentran en las filas de las FARC. Siendo este un compromiso y condición que se puso desde muy temprano en la agenda de ambas partes. En el presente se han entregado tan solo 76 menores de edad.

El tercer inconformismo tiene que ver con la tardía respuesta que ha tenido el Gobierno Nacional frente a la terrible y cruel problemática que vive el Puerto de Tumaco, en el Departamento de Nariño,  en relación con el tema de la erradicación de cultivos ilícitos. A pesar de los esfuerzos del recién nombrado Vicepresidente, Oscar Naranjo, Tumaco es el claro ejemplo de que al Gobierno Nacional aún le falta una ruta de acción efectiva para poder poner fin al problema de las hectáreas de coca, la erradicación arbitraria y la sustitución de cultivos.

El cuarto inconformismo tiene que ver con la acelerada reincorporación de los jefes y cabecillas de la Guerrilla a la vida civil, aun cuando estos no culminan el proceso de dejación de armas, han reparado a sus víctimas y se hayan sometido a la justicia.

En el presente los jefes guerrilleros han venido participando de eventos académicos y culturales, tales como la Cumbre Mundial de los Premios Nobel de Paz, donde Ivan Márquez fue invitado como panelista para sorpresa de los asistentes, o la Feria del Libro donde el máximo cabecilla de las FARC, Timoleón Jimenez, alias “Timochenko” presentará y hará lanzamiento y firma de su libro.

Frente a este tema, han surgido argumentos a favor y en contra, pues mientras unos consideran que la construcción de la memoria y demás no debe tener fecha de inicio, o que es mejor tener a estos cabecillas en estos foros y no en la selva, con lo cual estoy totalmente de acuerdo.

Otros consideramos que antes de que participen en este tipo de eventos y escenarios, primero se debería dar cumplimiento a lo pactado y estipulado en ese cronograma que las partes construyeron a lo largo de 4 años. Pues hablando en términos reales, estos nuevos “panelistas” aún siguen siendo cabecillas y parte de un grupo alzado en armas, pues el tan anhelado Día D + 180 (Fecha en la cual  las Farc deben desaparecer como grupo armado) aún no ha llegado.

Así mismo, existen sectores de la sociedad que consideran que para las víctimas no hay nada más importante que conocer la verdad, la cual se estaría contando en este tipo de escenarios. Lo que llama la atención es que estos “relatos” constructores de verdad se estén dando en eventos en la ciudad de Bogotá, y no en las zonas donde las personas realmente los quieren escuchar.

Con base en lo anterior cabe entrar a cuestionarnos si para las victimas la anhelada construcción de la verdad debe darse en los auditorios de Corferias,  con Cabecillas rodeados de esquemas de seguridad y repartiendo firmas y fotos como si fueran estrellas de cine o de rock, o si primero  estos deberían dejar las armas, reparar a las víctimas, cumplir con lo que la justicia determine como condena y ahí si contar la verdad a las comunidades afectadas de verdad.

Lo anterior, más que un inconformismo genera una preocupación, pues esta acelerada “reincorporación” podría generar poca aceptación en la opinión pública, y más si se tienen en cuenta el actual panorama de polarización, pues para los defensores del proceso quedaría mal visto que todo aquello pactado y estipulado que defendieron no esté siendo cumplido por las partes.

El debate queda abierto, como es de esperarse habrá opiniones a favor y otras en contra. Lo importante y lo que queda claro es que frente al proceso de implementación quedan muchas cosas por mejorar y que el reto acaba de empezar.

Finalmente hago una invitación para que entre todos, escuchándonos y respetándonos también ayudemos a construir esa tan anhelada paz.