La reconfiguración de los planes de desarrollo

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Estamos viviendo una situación que a diferencia de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, (llamadas así por el enfrentamiento que tuvieron las principales potencias militares), afecta a todo el mundo: la pandemia del COVID-19 o más conocido como el Coronavirus, es una “guerra” que independientemente haya sido creada (hipótesis que no se ha comprobado) o no, la humanidad está librando por la supervivencia, que ha posibilitado la cooperación internacional humanitaria entre los Estados. Geopolíticamente hablando, no sabemos con exactitud cuáles son los intereses de las 3 grandes potencias: Estados Unidos, Rusia y China en estos momentos; sin embargo, lo que se ha podido evidenciar es el trabajo articulado entre todos por hacerle frente a este impredecible enemigo.

Esta coyuntura ha hecho que la dinámica social haya tenido un cambio en los ámbitos, económico, cultural, y claramente político. El ser humano se ha dado cuenta qué es lo verdaderamente trascendental en la vida, y qué pasará a un segundo o tercer plano. Los gobernantes, por su parte,  no pueden ser ajenos a estos cambios y a esta reconfiguración de los modelos de interpretación de las nuevas realidades que se están construyendo.

Es por ello que los planes de desarrollo (nacional, municipal y departamental), deben  estar enfocados a temas que evidentemente estén destinados al mejoramiento de la calidad de vida de las personas.

Ni ética, ni moralmente es posible que tanto congresistas, diputados, y concejales, de ahora en adelante, aprueben planes de desarrollo que tengan como objetivo oculto sacar provecho de los contratos y el erario para favorecer intereses particulares. La renovación de la clase política, tiene que estar reflejada no solamente en las caras nuevas y las edades de los dirigentes, sino en la capacidad de decisión y en la participación inteligente que,  por fin,  vaya encaminada al beneficio de la población.

La reconfiguración de los planes de desarrollo tiene que estar orientada al financiamiento de sectores fundamentales que evidentemente generen las condiciones para un mejor vivir, temas como la salud, la  investigación, el cuidado del medio ambiente, la protección de la economía regional, entre otros aspectos, deben ser parte sustancial de la construcción de futuro. Tener una educación de alta calidad con personal capacitado, va a generar procesos de investigación muchísimos más exitosos, obviamente con financiamiento estatal acorde con los retos que demanda el mundo con un porvenir cada vez más incierto, y un apalancamiento  que soporte la invención de nuevas tecnologías amigables con el medio ambiente.

El perfil del político, a futuro, también requiere una reconfiguración enmarcada en dos características fundamentales: evidenciar una concepción clara del Estado y el funcionamiento de sus instituciones y de las nuevas dinámicas culturales que tienen que ser analizadas e interpretadas, y de otra parte tener la capacidad de tomar decisiones acertadas de acuerdo con escenarios viables.

Si bien es cierto que en la clase política radica un buen número de responsabilidades de la Nación, también lo es que cada ciudadano debe ser partícipe activo en la identificación y búsqueda de alternativas de mejoramiento. Es de recordar que la planeación la hacen quienes la padecen.