La pesada bata blanca

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Nadie duda, ante esta circunstancia nunca antes experimentada en los últimos cien años, que nada volverá a ser como antes. Ojalá el hoy permita darle sentido al “Nunca será igual”, porque servirá para hacernos una sociedad más fuerte que la pasada.

La historia si lo permitimos, se situará en un antes y después, un ayer dominado por el deseo y ansia que ha marcado un camino de destrucción y un después que será basado en muchos más límites, pero también, ecuánime y proporcional a nuestro deseo de aprender a vivir, que seguro nos hará una comunidad mejor.

Espero que el después, compense de manera sensata a los profesionales de la salud, la sensatez obliga no solo a llamarlos héroes, asume el peso de entregarles una verdadera reforma estructural a su sistema paquidérmico, cuya radiografía le exige seguir en cuidados intensivos, pero también obliga a buscar la cura y resarcir su loable y ardua labor en la post pandemia.

Hoy, los empleados de la salud no solo sufren el insólito desdén de algunos inadaptados sociales, a esto también hay que aunar el desprecio de un sistema que los oprime. Un profesional de la salud contratado por agremiación, no goza de prestaciones sociales, ni del pago de recargos nocturnos, domicales o festivos, lo que los sitúa en un régimen de informalidad laboral.

El salario de un auxiliar de la salud por agremiación, para ilustrar un ejemplo, le exige cumplir 180 horas de trabajo y luego de descuentos su asignación neta es de $1.365.000. Realidad que contrasta con un auxiliar de la salud cuyo contrato es en la planta de personal de un hospital público, quién goza de prestaciones sociales y su asignación salarial base mensual es de $ 1.913.224 más su carga prestacional que rondaría en un promedio mensual los $3.352.481 en total.

El lío del ejemplo, es entender que, de diez profesionales de la salud con trabajo en un hospital público, ocho son contratados por agremiación y solo dos están en la nómina de la institución. Estadísticas que varían en el sector privado en donde no existen condiciones laborales estables.

Lo anterior sumado, a demoras en los pagos, no pagos, a cambios constantes en las condiciones del contrato laboral, a los fallidos incrementos laborales y falencias de bioseguridad del ejercicio médico, evidenciado en la crisis además, la constricción del ejercicio pero también acoso laboral, como lo plasmó el estudio de la realidad laboral del sector, realizado en el 2019 por el Colegio Médico colombiano (CMC), lo que nos invita a entender, que debe haber un después para la salud en Colombia.

La pandemia lo que está permitiendo es hacer de una amenaza latente una gran oportunidad para la salud, lograr que esa pesada bata blanca aliviane su carga y justifique por fin el sacrificio del personal.

La realidad laboral y las condiciones en las que desarrollan su trabajo estos profesionales, son dos variables que tienen que ver con la humanización del servicio y con el desarrollo del talento humano, factores que son el ADN de una verdadera solución.

En el después, espero encontrar la acción del reto de una reforma que debe plantear un modelo basado en condiciones laborales, que además permita que la tasa de retorno de inversión educativa se compense en el corto plazo al personal médico y asistencial.

Admiro a los profesionales de la salud, crecí con amigos de siempre que hoy son médicos, tengo un sinnúmero de amigos y familia; jefes, auxiliares, técnicos, terapeutas y administrativos en el gremio y para ellos y aquellos que no conozco todo mi afecto, agradecimiento, solidaridad y aprecio total por su labor. Tengo vecinos médicos y experimento seguridad al entender que profesionales de la salud viven junto a mi familia.

Saludos y éxitos en la labor